Al ver una nave estática sobre la cumbre, no te confíes: la lenticular señaliza ondas de montaña y chorro acelerado. Bajo ella, la nube rotor indica turbulencia feroz en sotavento. Aunque el valle esté en calma, las crestas pueden rugir. Ajusta horarios, evita pasos aéreos y refuerza anclajes. En la Sierra Nevada andaluza, una mañana de lentejas perfectas precedió rachas brutales que voltearon mochilas en la divisoria.
Un halo amplio y limpio sugiere cristales de hielo en altura y humedad que llega con paso firme. Si aparece de noche y el viento rola lentamente al sur, prepara impermeable: suele traer nubosidad compacta en la jornada siguiente. Las coronas multicolores, más íntimas, delatan gotas finas y cambios cercanos. Anota hora, grosor y persistencia; verás patrones repetirse con sorprendente fidelidad estacional después de pocas salidas atentas.
Bordes nítidos, bases oscuras y yunque naciente son campanas que llaman al repliegue. Si a mediodía los cúmulos muestran coliflores vigorosas y las brisas a sotavento refrescan de golpe, la convección ya cocina chubascos. Cambia aristas por lomas amplias, localiza vaguadas de escape y evita cauces. Recuerda: muchas tormentas de verano gritan antes con sombras frías y olor eléctrico. Escuchar esas señales ahorra carreras precipitadas.