Un hogar bien tirado no ahúma si se inicia con yesca seca, ramillas y tiro abierto. El horno de tierra guarda vapor y crujiente perfecto para pan, verduras o pizza de montaña. Una puerta de metal reciclado y un termómetro analógico bastan para repetir resultados deliciosos.
Con cartón, lana y reflectores de aluminio fabricas un horno solar que sorprende con panes dulces, legumbres tiernas y estofados pacientes. Deshidratadores de bandejas y malla conservan verano en frascos. La meteorología manda: planifica nubes, orienta con brújula y celebra el ritmo lento que realza sabores simples.